Nuestro primer concierto: Back to the Hills y Los Hermanos Dalton

El 5 de febrero celebramos en Madrid la puesta de largo de Balas Perdidas. Después de unos primeros meses de exitoso rodaje, era el momento de presentar en sociedad a la joven y prometedora criatura. Y, naturalmente, la mejor manera de hacerlo era con música en directo, en un cartel que reunía a dos de las mejores bandas del pop de guitarras español. La mítica sala Moby Dick, en consecuencia, presentó un estimulante lleno hasta la bandera.

Back to the Hills es un grupo de Castellón que, en sus apenas cuatro años de existencia, ha experimentado varios cambios de formación, lo que no ha impedido que haya publicado dos magníficos álbumes. Aprovecharon su cita con Balas Perdidas para presentar, sobre todo, las canciones de su flamante nueva entrega, el excelso Just a Smile, publicado a finales del pasado año.

Y lo hicieron, además, presentando la que debería ser su formación definitiva, con el guitarrista y principal compositor del grupo, José María Mulet, encargándose de la voz principal en sustitución del sueco Nils Heijbel. La primera conclusión es que el cambio ha supuesto un firme paso al frente. Si la estupenda voz de Nils ofrecía tal vez más matices, la de José María no desmerece en absoluto y sí incrementa el grado de actitud y emoción. El cuarteto se vuelve de esta forma más cohesionado, más potente y más intenso, adivinándose entre sus miembros una muy saludable complicidad.

Su concierto fue rotundo y esclarecedor: estábamos ante una banda enormemente sólida, tanto en lo que se refiere al repertorio –al que, por cierto, añadieron una espléndida versión de Everybody Knows This Is Nowhere de Neil Young– como en la sobrada solvencia como músicos, logrando un impecable entramado de guitarras, teclados y armonías vocales que los emparenta con clásicos como The Byrds, Gram Parsons o el propio Young, dando nuevo lustre a una herencia inmortal.

Los Hermanos Dalton, que salieron a continuación, nunca defraudan. Más de tres décadas después de sus comienzos, el combo gaditano mantiene asombrosamente una pegada y una energía más propia de benjamines que de los tipos curtidos en mil batallas que en realidad son. Sus canciones suenan veloces, potentes, hasta gloriosamente ruidosas por momentos, pero sin ocultar nunca el formidable cargamento melódico que atesoran, tanto en el caso de sus clásicos de dos minutos a toda velocidad como en el de las piezas más recientes, para cuya confección han soltado un punto el acelerador.

La inclusión en el grupo de Alberto, tocando una segunda guitarra y haciendo voces, no hace sino consolidar su apuesta de pop aguerrido y musculoso, añadiendo una mayor variedad de matices y arreglos. Y si eso es bien notable en su flamante nuevo disco, Viajar en el tiempo y otras historias, en directo se agradece aún más.

En una hora y cuarto de actuación hicieron un completo repaso a lo más granado de su repertorio, combinando material del nuevo disco con clásicos a los que su público no les permitiría renunciar, como Los latidos de siempre, Qué gran día, Nada suena igual o su fantástica y anfetamínica versión de la banda sonora de La Pantera Rosa.